La venta de medicamentos cayó y afirman que “se compra sólo lo necesario”. Ya no se acostumbra a “armar un botiquín en casa”
La caída del consumo de medicamentos en Misiones ya se siente con fuerza en las farmacias, donde el descenso en las unidades vendidas ronda el 20%. El fenómeno está directamente vinculado al deterioro del poder adquisitivo, que obliga a los pacientes a reorganizar prioridades, reducir gastos y, en muchos casos, postergar tratamientos o reemplazar marcas tradicionales por opciones más accesibles.
En este contexto, la presidenta del Colegio de Farmacéuticos y Químicos de Misiones, Vania Ilchuk, describió un cambio profundo en los hábitos de consumo. “Las ventas cayeron alrededor de un 20% más o menos en el número de unidades vendidas. Y obviamente esto tiene mucho que ver con la pérdida del poder adquisitivo, la baja remuneración, lo que obliga a priorizar los gastos”, señaló. A su vez, aclaró que esta caída no siempre se traduce en una baja de facturación: “Hay menos consumo, aunque no necesariamente para nosotros se facture menos. Porque si bien los precios no tienen una suba desmedida, suben todo el tiempo”.
Uno de los cambios más notorios se da en el mostrador, especialmente entre jubilados. “Ha cambiado mucho su vademécum, solo adquieren los medicamentos con cobertura mayor o los que son sin cargo”, explicó Ilchuk, y agregó: “Priorizan lo de sus patologías crónicas y los otros ven si pueden pagar el coseguro o optan por algún medicamento genérico o alguna segunda línea que sea más económica”. Incluso, remarcó que en algunos casos resulta más conveniente comprar sin cobertura: “A veces les sale más barato comprar eso al contado que con el coseguro”.
El impacto también se refleja en la conducta general de los pacientes. “Postergan algunos tratamientos que no sean de inmediata resolución. Compran al día, ante la necesidad. Ya no tienen como antes un mini botiquín en la casa”, indicó. En paralelo, crece el uso de medios de pago electrónicos: “Hay muy poco efectivo circulante, la mayoría paga con Mercado Pago o tarjetas”.
Los precios actuales de los medicamentos muestran con claridad por qué crece la elección de genéricos y segundas marcas. En el caso del enalapril (10 comprimidos), una primera marca como Lotrial cuesta $10.150, mientras que una segunda línea se ubica en $6.200, es decir, un 38,9% más barata. En tanto, el genérico —cuyo valor corresponde a una tableta individual— puede conseguirse desde $1.500, lo que representa hasta un 85,2% menos que la primera marca.
Algo similar ocurre con el diclofenac 50 mg (15 comprimidos): la primera línea, como Dioxaflex, tiene un valor de $7.200, mientras que el genérico —también considerado por tableta— parte desde $1.500, marcando una diferencia cercana al 79,2%.
En el caso de la amlodipina 10 mg (30 comprimidos), la brecha es aún mayor: una primera marca como Amloc cuesta $39.660, una segunda línea $21.350 (un 46,1% menos), y el genérico —por tableta— puede conseguirse desde $3.000, lo que implica hasta un 92,4% de diferencia.
Finalmente, Ilchuk advirtió que este escenario también pone en jaque la sostenibilidad de las farmacias, especialmente las más pequeñas. “Tenemos un menor volumen de ventas, pero no de gastos. Hay un aumento de los costos fijos, de la carga impositiva y de los alquileres”, señaló. A esto se suman las demoras en los pagos de obras sociales: “Hoy están en 60 o 90 días, sobre todo PAMI, lo que resiente la reposición de mercadería”. Y concluyó: “Hay una presión permanente de las droguerías con los plazos de pago, que nos está asfixiando bastante, sobre todo a las farmacias medianas y pequeñas que no tienen la suficiente espalda para sostenerse”.
Fuente: El Territorio