La morosidad crediticia alcanzó niveles históricos, complicando el acceso al financiamiento para las familias. Pese a las acciones del Banco Central para estabilizar el mercado, los bancos mantienen elevadas las tasas de interés en préstamos personales, lo que dificulta la reactivación del consumo y genera incertidumbre económica.
El sistema financiero argentino enfrenta un desafío importante en 2026: la consolidación de la mora récord en los préstamos. Mientras los hogares experimentan el peso de un financiamiento costoso y el consumo interno se mantiene deprimido, las entidades bancarias sostienen tasas elevadas en sus créditos, incluso luego de las recientes intervenciones del Banco Central para reducir la volatilidad del mercado.
Economistas y operadores del sistema financiero coinciden en la necesidad de reducir las tasas de los préstamos personales y de consumo. Esta medida resulta central para que los bancos asistan a sus clientes atrasados, presten más barato y a mayor plazo, y estimulen la demanda interna.
La presión sobre las tasas de interés de los créditos se intensificó en los últimos meses, en paralelo con el aumento de la irregularidad crediticia. Informes recientes de consultoras y entidades del sector financiero advierten que la morosidad se encuentra en niveles inéditos para los últimos veinte años, tanto en bancos como en entidades no financieras. El deterioro del salario real, el aumento de tarifas, el sobreendeudamiento y la incertidumbre sobre el rumbo económico generaron una combinación que impactó de lleno en la capacidad de pago de los hogares.
La visión de los especialistas
Los bancos sostienen que la volatilidad de tasas de interés de corto plazo dificulta la posibilidad de bajar los costos de financiamiento para los clientes. Argumentan que, ante un escenario incierto, se ven obligados a fijar tasas más elevadas para cubrirse de movimientos bruscos en el costo de los fondos. Fuentes del sector resumieron la situación al señalar: “La volatilidad de corto plazo hace difícil fijar tasas bajas de mediano plazo. Por las dudas, los bancos se cubren”. Este comportamiento se replica tanto en los préstamos personales como en otros productos dirigidos a familias y empresas.
Un informe de la consultora 1816 sostuvo que la morosidad está vinculada con el nivel de las tasas de interés de los créditos. El estudio precisó: “la morosidad está vinculada con el nivel de las tasas de interés de los créditos, que son más altas en el caso de los préstamos a familias y especialmente en el caso de los préstamos de entidades no financieras”.
A pesar de que las tasas de referencia a un día, las cuales el Banco Central mantuvo cerca del piso del 20%, no lograron achicar el costo de los préstamos personales, estos se mantuvieron en niveles elevados. Esto ocurrió por diversas razones, entre ellas, la elevada morosidad y la dificultad para prever la política de tasas del Gobierno en el esquema monetario actual.
La serie de tasas publicada por el BCRA muestra que, entre julio de 2025 y abril de 2026, el costo de los préstamos personales se ubicó mayormente en un rango de entre 65% y 85% de tasa nominal anual (TNA), con picos superiores en algunos tramos. Mientras tanto, las tasas de plazos fijos y Badlar en bancos privados oscilaron en valores sensiblemente menores, en algunos casos en torno al 25% o 30% TNA. Esto refleja la amplitud del spread entre lo que los bancos pagan por captar depósitos y lo que cobran por prestar a las familias. El informe de 1816 advirtió que la relación entre la tasa de los préstamos personales y las de 1 día se encuentra en niveles prácticamente inéditos para los últimos 10 años.
Un informe de la consultora Quantum Finanzas aportó otra perspectiva sobre la evolución de las tasas de interés en pesos. Según ese análisis, desde principios de año el Banco Central compró divisas al sector privado por más de USD 5.000 millones, y esto implicó una expansión monetaria relevante, aunque la base monetaria cayó tanto en términos nominales como reales. En ese contexto, las tasas en pesos bajaron en comparación con meses anteriores: la de la rueda simultánea se encuentra en torno al 21,7% TNA, la Tamar (de referencia) promedia 24,6% en abril, y las activas –incluidos préstamos personales y adelantos– muestran la misma tendencia.
A pesar de la baja en algunas tasas de referencia, los bancos mantuvieron los créditos a tasas elevadas. La explicación aparece en la relación entre el riesgo crediticio y el costo del financiamiento: la morosidad obliga a las entidades a exigir un mayor rendimiento para cubrir los riesgos de incobrabilidad. Según datos del BCRA, la tasa de préstamos personales se mantuvo persistentemente por encima de la tasa de referencia, incluso en los momentos en que el Banco Central utilizó herramientas para estabilizar el mercado y reducir la volatilidad.
Medidas del Banco Central
En abril de 2026, el Banco Central reactivó un instrumento clave para acotar la volatilidad de las tasas y fomentar el crédito. El objetivo fue establecer un corredor de tasas que permita a los bancos planificar con mayor previsibilidad y, en consecuencia, ofrecer financiamiento a plazos más largos y a tasas más bajas. Según fuentes oficiales, la decisión buscó brindar certidumbre a las entidades y alentar una reducción del costo del crédito para las familias y las empresas. La flexibilización de normas sobre encajes bancarios también apuntó en esta dirección, lo que permitió a los bancos liberar recursos y mejorar las condiciones de los préstamos.
La consultora EcoGo destacó que el Banco Central y el Tesoro aplicaron una política monetaria prudente, con una reducción de la base monetaria tanto en términos nominales como reales. La absorción de pesos por parte del Tesoro, junto con operaciones de esterilización, permitió que las tasas en pesos bajaran a niveles inferiores a los de meses anteriores.
La persistencia de tasas altas en los préstamos personales impacta directamente sobre el consumo. La demanda interna se mantiene deprimida, mientras los hogares encuentran dificultades para financiar compras o reestructurar deudas. La baja de tasas se volvió un factor clave para reactivar el consumo y sostener la “paciencia” social en un año en el que el Gobierno busca fortalecer su posición de cara a la próxima elección.
La combinación de riesgo crediticio elevado, volatilidad de tasas de interés y falta de previsibilidad genera un círculo difícil de romper. Los bancos, ante el temor de un nuevo salto en el costo de los fondos o un empeoramiento de la cartera de créditos, optan por mantener tasas altas y limitar la oferta de financiamiento a los segmentos más riesgosos. A su vez, las familias enfrentan condiciones restrictivas para acceder a los préstamos que necesitan para consumir o regularizar su situación financiera.
La expectativa de una reducción en las tasas de los créditos personales está vinculada a la evolución de la morosidad y la estabilidad macroeconómica. Mientras tanto, las familias y las empresas conviven con un escenario en el que el acceso al financiamiento resulta costoso y limitado. El consumo sigue afectado y la reactivación depende, en buena medida, de la capacidad de los bancos para trasladar la baja de tasas de referencia a los productos destinados a los hogares.
El recorrido de las tasas muestra que, a pesar de los esfuerzos regulatorios y la baja en las tasas de referencia, los bancos mantienen una postura conservadora ante la incertidumbre. El temor al deterioro de la cartera y la necesidad de cubrirse ante posibles shocks impulsan la decisión de sostener tasas elevadas en los préstamos personales y otros productos de crédito al consumo.
La situación de la morosidad y las tasas se convirtió en un tema central en la agenda económica, tanto para los bancos como para las autoridades. Los próximos meses serán determinantes para evaluar el impacto de las medidas implementadas y la capacidad del sistema financiero para ofrecer condiciones más accesibles a las familias y las empresas.