01/03/2026

La palabra “estanflación” vuelve a cobrar protagonismo al analizar la economía argentina, reflejando un fenómeno donde los precios continúan subiendo mientras la actividad económica se mantiene estancada. En enero, la inflación mensual alcanzó el 2,9 %, mientras el consumo y la producción siguen en franco retroceso, una señal de que el crecimiento no logra despegar.


Economistas liberales como Domingo Cavallo y Carlos Melconian señalan que los desequilibrios en los precios relativos, combinados con la falta de recuperación económica, generan un escenario crítico donde, como advierten, “esté crujiendo todo por la estanflación”. Este cuadro plantea un desafío doble: contener la inflación sin frenar aún más la actividad productiva.


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El impacto se siente en todos los niveles. Las fábricas traen productos importados en lugar de producir localmente: menos turnos, menos horas extra, menos empleo. El comercio no vende y los productores no producen. Las familias ven su capacidad de consumo reducida y los créditos se vuelven más caros o inaccesibles. Es un panorama de recesión con inflación, donde cada medida tiene efectos directos sobre el bolsillo y el empleo.


Misiones, por su estructura productiva, sufre con más fuerza estos ciclos. Economías regionales que dependen del transporte, el mercado interno, la obra pública y el crédito sienten el golpe más fuerte. Cuando el engranaje nacional se frena, la caída se amplifica: menor recaudación provincial y mayores restricciones para sostener servicios y salarios.


En ese contexto, el gobierno provincial implementa medidas concretas para resistir la crisis: eliminó 114 cargos jerárquicos para optimizar la estructura y cuidar recursos; firmó convenios con el Consejo Federal de Inversiones por 5.500 millones de pesos destinados a PyMEs; y fortaleció infraestructura estratégica, todo con foco en sostener y generar empleo. La lógica es clara: ordenar puertas adentro antes de pedir esfuerzos afuera.


La provincia también apuesta a políticas microeconómicas que sostienen el consumo y la producción local. Los programas Ahora volvieron a marcar récords en 2024 y 2025, inyectando casi 100 mil millones de pesos en el mercado local. Se hicieron inversiones en EFAs antes del inicio de clases, se recorrieron fiestas productivas como la del Té en Campo Viera y hubo constante presencia en territorio. Son medidas pequeñas pero concretas, que buscan mantener comercio, empleo y producción en medio de la crisis.


A nivel nacional, la inflación se aceleró incluso con un tipo de cambio estable, impulsada por aumentos en alimentos como carne y tomate, y en servicios regulados. La economía se mueve a dos velocidades: el sector primario crece, mientras la mayoría de los demás sectores muestran caídas o desempeños débiles. Esta combinación es la esencia de la estanflación: precios al alza en un marco de estancamiento productivo.


El empleo privado cayó durante todo el segundo semestre de 2025, y el salario real terminó por debajo del año anterior. Los créditos en mora se triplicaron. Empresarios como Camilo Alan denuncian competencia desleal de importaciones y advierten que la inversión realizada queda en riesgo si no se reactiva el consumo. La estanflación “es muy jodida”, afirma, y su experiencia refleja la presión que sufren empresas y familias.


La reforma laboral, impulsada por el gobierno nacional, no alcanza para revertir la situación si la economía sigue sin crecer. La pregunta que se repite es la misma desde hace años: ¿cuánto tiempo más hay que esperar para que la economía real despegue? Porque el empleo no crece si la economía no crece, y cuando el consumo se retrae y la producción se achica, lo que aumenta es el endeudamiento de las familias.


La salida de la estanflación requiere coordinación, prudencia fiscal y políticas concretas que protejan a familias, PyMEs y sectores estratégicos. En tiempos donde sobran gritos y faltan certezas, la administración callada y prudente puede ser un activo. Gobernar con recursos limitados implica cuidar cada peso, sostener empleo y producción, y no abandonar a quienes dependen del Estado para atravesar la tormenta.


Al final, la economía no se ordena solo recortando. Se ordena cuando vuelve a crecer. En una provincia como Misiones, eso significa cuidar el empleo, sostener a quienes producen y garantizar que la sociedad resista un semestre complejo sin romper el tejido social. La estanflación es real, y solo con acciones concretas se puede mitigar su impacto mientras se espera que la economía vuelva a arrancar.

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