En un extenso documento entregado este lunes, entidades de Misiones advirtieron sobre caída de precios, concentración económica y riesgo para el modelo productivo.
Organizaciones de productores yerbateros y la Cooperativa Río Paraná de Misiones presentaron este lunes un extenso documento al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en el que expusieron la crítica situación que atraviesa el sector tras la desregulación impulsada por el Gobierno nacional y advirtieron que el conflicto excede lo estrictamente económico.
Según plantearon, lo que hoy se discute en torno a la yerba mate no es solamente el precio de la hoja verde o la rentabilidad de las chacras, sino el futuro mismo de un modelo productivo regional. En ese marco, alertaron que “está en juego si la yerba seguirá siendo territorial y distributiva, o será un commodity, estandarizado y concentrado”.
El planteo fue formalizado a través de un escrito de más de 700 páginas, encabezado con la consigna “La chacra no se vende, es Patria”, donde se hace un repaso del crecimiento del sector durante las dos décadas en que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) ejerció plenamente sus facultades, y se contrasta ese escenario con la situación actual, marcada —según sostienen— por una fuerte pérdida de herramientas de regulación y control.
El escrito lleva las firmas de Jorge Skripczuk, presidente de la Asociación Civil Impulso Yerbatero; Hugo Sand, titular de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM); Salvador María Torres, presidente de la Cooperativa Río Paraná Limitada; y Julio Alfredo Petterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte. La presentación fue acompañada por el patrocinio letrado de José Federico Padolsky.
La documentación fue entregada en el marco de una reunión que integrantes de la Confederación General de la Producción (CGP) de la República Argentina mantuvieron con Kicillof. Esa organización reúne a referentes de economías regionales de distintos puntos del país, es presidida por el santafesino Gastón Borsini, y tiene entre sus representantes al misionero Skripczuk.
Desde el sector remarcaron que el objetivo fue poner en conocimiento del mandatario bonaerense la profundidad del deterioro que atraviesa la actividad yerbatera y las consecuencias que, a su entender, se están desplegando sobre miles de pequeños productores.
En el texto entregado a Kicillof, los firmantes sostienen que el punto de quiebre estuvo dado por las modificaciones normativas impulsadas a partir del DNU 70/2023, al que atribuyen una alteración “sustancial” del equilibrio histórico de la cadena yerbatera.
Allí señalan que “la eliminación de herramientas regulatorias ha generado una caída abrupta del precio de la materia prima, provocando una transferencia regresiva de ingresos hacia los sectores más concentrados de la cadena y dando lugar a un proceso de descapitalización del productor primario”.
La advertencia no es menor. Para las organizaciones, el nuevo esquema dejó a los pequeños y medianos productores en una posición de extrema fragilidad frente a una estructura de mercado donde, aseguran, la concentración se profundizó tras la pérdida de facultades del organismo que hasta entonces ordenaba buena parte del funcionamiento del sector.
En esa línea, remarcan que “los precios de la materia prima no alcanzan a cubrir los costos básicos de producción, lo que implica que la actividad se desarrolla a pérdida”.
Además de cuestionar la desregulación, los productores hicieron foco en lo que consideran un progresivo vaciamiento institucional del Instituto Nacional de la Yerba Mate.
En el documento afirman que al deterioro de precios se suma “un progresivo desmantelamiento institucional del INYM, que afecta la capacidad del Estado para intervenir en la regulación del sector, controlar la calidad del producto y sostener políticas públicas orientadas al desarrollo equilibrado de la actividad”.
Ese punto aparece como una de las principales demandas del sector. Los firmantes ratifican la necesidad de recuperar todas las facultades del INYM, al considerar que su debilitamiento no solo impacta sobre la ecuación económica de la producción, sino también sobre la capacidad del Estado de sostener una estrategia territorial para una de las economías regionales más emblemáticas del país.
En esa lectura, el problema ya no se limita a un mal momento coyuntural, sino a una transformación estructural del modo en que se produce, se comercializa y se distribuye la renta de la yerba mate.
Uno de los ejes más fuertes del planteo presentado a Kicillof es que la situación actual no puede leerse como una simple crisis de precios o una tensión habitual entre eslabones de la cadena.
Por el contrario, las organizaciones entienden que lo que está ocurriendo expresa una disputa mucho más profunda entre dos formas de concebir la producción.
En ese sentido, sostienen que “la situación descripta no puede ser interpretada únicamente como una crisis sectorial”, sino que debe entenderse como la confrontación entre “dos modelos productivos claramente diferenciados”.
A partir de ese diagnóstico, el documento contrapone con claridad dos formas de organización económica y territorial.
Por un lado, ubica un modelo que asocia al agronegocio, caracterizado por la concentración, el monocultivo intensivo y la aplicación de paquetes tecnológicos estandarizados, incluyendo modificaciones genéticas, fertilización química y uso intensivo de agroquímicos. Según advierten, ese sistema está orientado a maximizar rentabilidad a escala, pero tiende al mismo tiempo a homogeneizar el producto y desvincularlo de su anclaje territorial.
Del otro lado, defienden el esquema histórico desarrollado en Misiones, basado en la agricultura familiar, la fuerte presencia de pequeños productores, la organización cooperativa, el arraigo territorial y la diversificación productiva.
En esa visión, la yerba no es solamente una mercancía más dentro de un circuito agroindustrial, sino una actividad que sostiene pueblos, genera empleo, preserva saberes y estructura una parte importante de la vida económica y social de la provincia.
Por eso, remarcan que ese modelo “no solo produce un bien económico, sino que sostiene comunidades, preserva saberes productivos y articula prácticas compatibles con el cuidado del ambiente”.
El documento no se queda en el análisis económico. También incorpora una dimensión cultural e identitaria sobre la yerba mate, a la que vincula con una historia mucho más profunda que la lógica del mercado.
Allí recuerdan que la caá, como la denomina la tradición guaraní, tiene su origen en la cosmovisión del pueblo originario, que no solo legó el conocimiento sobre su uso, sino también una forma de entender el vínculo entre naturaleza, comunidad y producción.
Desde esa mirada, la defensa del sector yerbatero no se reduce a una discusión sobre márgenes, costos o regulaciones, sino que involucra una forma de habitar y organizar el territorio.
Por eso, los productores advierten que la disputa “no es meramente económica, sino profundamente política”, ya que “se trata de definir si la yerba mate continuará siendo un producto territorial, socialmente distribuido y culturalmente significativo, o si se transformará en un ‘commodity’ global, estandarizado y concentrado”.
Otro de los argumentos desarrollados en el documento tiene que ver con la condición única de la yerba mate como cultivo regional.
Los productores subrayan que la especie Ilex paraguariensis se desarrolla únicamente en esta región del mundo, lo que le otorga a Misiones y al noreste argentino una posición geoeconómica singular. Esa especificidad, remarcan, no debería diluirse ni relativizarse.
En ese punto, alertan que una eventual pérdida de esa identidad diferencial —ya sea por la introducción de especies alternativas o por una desregulación que debilite el sistema de trazabilidad y control— podría abrir la puerta a una replicación del producto en otras regiones del planeta.
Eso, sostienen, implicaría una pérdida estratégica para el país, ya que debilitaría una ventaja comparativa natural y afectaría la posición argentina en el mercado internacional.
Dentro del mismo planteo, las organizaciones también pusieron en valor la dimensión científica y nutricional de la yerba mate, a la que definieron como un alimento con propiedades excepcionales y con enorme potencial de proyección.
En ese sentido, destacaron que gran parte de los estudios que hoy validan esos atributos fueron impulsados durante los años de plena vigencia institucional del INYM, lo que para los productores demuestra la importancia de sostener organismos capaces de articular producción, investigación y agregado de valor.
Por eso, remarcaron que “la defensa de la yerba mate no debe ser comprendida únicamente en términos productivos, sino también como una cuestión de soberanía alimentaria y científica”.
En esa lógica, el valor del producto no depende únicamente de su comercialización, sino también de su origen, de su sistema de producción y del conocimiento acumulado en el territorio.
Con una mirada más amplia, el documento presentado a Kicillof busca inscribir la crisis yerbatera dentro de una discusión nacional sobre el rol de las economías regionales en el desarrollo argentino.
Los firmantes entienden que lo que ocurre en Misiones permite ver con nitidez las tensiones entre modelos de país: uno basado en la concentración y la lógica puramente mercantil, y otro apoyado en producción, trabajo, arraigo y distribución territorial del ingreso.
Por eso sostienen que este tema “presenta una dimensión central en el marco de un proyecto de desarrollo nacional, en tanto permite visibilizar la importancia de las economías regionales y la necesidad de políticas públicas que articulen producción, trabajo, soberanía y equidad”.
Más allá del diagnóstico crítico, el documento también deja planteadas algunas líneas de acción que las organizaciones consideran indispensables para revertir el escenario actual.
Entre ellas, mencionan la necesidad de:
fortalecer a los productores primarios y a sus organizaciones cooperativas,
impulsar el desarrollo de pequeñas y medianas marcas con valor agregado en origen,
recuperar herramientas institucionales para equilibrar el funcionamiento del mercado,
y promover la inserción internacional del producto bajo estándares de calidad, identidad y origen.
Fuente: Primera Ediciòn